Una relación construida por el relato

El narratario es la figura construida por el relato a quien se dirige el narrador.

Esta figura puede estar claramente identificada, como en un relato en forma de carta, una confesión o una historia que un personaje le cuenta a otro. También puede permanecer casi completamente oculta a la vista, pero eso no significa que desaparezca.

Podemos intentar reconstruir al narratario a partir de las decisiones del narrador: aquello que explica, aquello que omite, las referencias que considera suficientes, las formas en que interpela, los pronombres que utiliza.

En ese sentido, el narratario deja huellas en la escritura.

Pensemos:

Fuiste mi primer amor.

La segunda persona construye inmediatamente una relación: alguien habla y alguien recibe esas palabras.

Si escribimos:

Hortensio fue mi primer amor.

La situación cambia. Hortensio es ahora aquello de lo que se habla, no aquel a quien se habla.

Y si escribimos:

Querido lector, quizás usted no sepa que Hortensio fue mi primer amor.

aparece una nueva figura. Ese “lector” nombrado por el narrador no es la persona real que en este momento tiene el texto delante de los ojos. Es un destinatario construido por la propia narración.

La diferencia puede parecer pequeña, pero modifica por completo la escena narrativa.

Los pronombres también cuentan una historia

Una de las formas más sencillas de advertir estos desplazamientos está en los pronombres.

No es lo mismo:

Te prometí que iba a llegar temprano.

que:

Le prometí que iba a llegar temprano.

En el primer caso, aquel a quien se hizo la promesa es también aquel a quien se está narrando.

En el segundo, hablamos con alguien acerca de una tercera persona.

Pasamos de hablarle a alguien a hablar de alguien.

Ese movimiento modifica los pronombres y las formas verbales, pero también puede transformar la cantidad de información que aparece, la intimidad de la voz, aquello que necesita ser explicado y aquello que puede quedar sobreentendido.

Los pronombres no son entonces una cuestión meramente gramatical: pueden permitirnos reconocer la estructura misma de la situación narrativa.

¿Por qué puede servirnos para escribir?

Al construir un narrador solemos preguntarnos qué sabe, desde dónde observa, cuánto tiempo pasó desde los acontecimientos o qué relación tiene con aquello que cuenta.

Podemos agregar otra pregunta: ¿a quién se lo está contando?

La respuesta puede obligarnos a tomar decisiones muy concretas.

  • ¿Qué sabe ya ese narratario?
  • ¿Qué necesita que le expliquen?
  • ¿Qué relación tiene con el narrador?
  • ¿Qué relación tiene con los acontecimientos narrados?
  • ¿Por qué el narrador decide contarle precisamente esto?
  • ¿Qué quiere provocar en él: convencerlo, conmoverlo, justificarse, pedirle algo, engañarlo?

Incluso cuando esas preguntas nunca se respondan de manera explícita en el texto, pueden ayudar a darle consistencia a la voz.

Una misma historia, tres situaciones narrativas

Para probarlo en la escritura preparamos un ejercicio muy sencillo.

La premisa es siempre la misma: una mujer llega tarde a un velorio.

Podés hacer el ejercicio completo aquí:

Ejercicio de escritura creativa: la misma escena, tres narratarios

Una pregunta más para leer y escribir

Cuando leemos una narración solemos preguntarnos quién habla, y está muy bien. Es una pregunta imprescindible. Pero podemos agregar otra que muchas veces revela aspectos menos evidentes del texto: ¿a quién le habla?

Narrador y narratario forman los dos extremos de una situación de comunicación construida por la ficción, y entre ambos circula la historia.

Observar esa relación puede ayudarnos no sólo a comprender mejor cómo funciona un relato, sino también a tomar decisiones más precisas cuando escribimos.

La imagen que acompaña este posteo es del ilustrador Limay Uribe.

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