Contar un recuerdo
Pensá en algún recuerdo que tengas y que quieras convertir en una historia.
No lo escribas todavía. Mantenelo un rato en la cabeza. Habitalo. Tratá de recuperar las sensaciones del recuerdo: los olores, los sabores, las texturas, las luces, los sonidos.
Algunas preguntas que pueden servirte:
- ¿Cuáles son los peros de la escena? Lo que no encaja, lo que se contradice.
- ¿Qué sobra en la escena?
- ¿Qué falta?
- ¿Qué podría percibir otra de las personas presentes en ese recuerdo (si las hay) que te ayude a nutrir la escena?
Cuando sientas que no queda más por construir, es momento de pasar a la escritura.
Escribí en primera persona, en presente, como si el recuerdo se estuviera desplegando ahora mismo frente a tus ojos, a medida que escribís.
Sentite en total libertad de transgredir el recuerdo si eso vuelve más efectivas las sensaciones que querés transmitir. Sé fiel a lo que querés transmitir, no a los hechos exactos.
Trat á de no corregir mientras escribís. Terminá el relato y dejá descansar el texto por al menos una semana antes de volver sobre él. Podés repetir este ciclo las veces que desees.
Si estás en contacto con otras personas que hayan participado de ese recuerdo, mostrales el texto y observá cómo lo reciben.