Una voz que no opina

En Claus y Lucas, la novela de Agota Kristof, una de las operaciones más inquietantes es la neutralidad extrema de la voz narrativa. Los hechos —muchas veces crueles, injustos o difíciles de soportar— no son comentados, explicados ni juzgados. Simplemente ocurren. Esa ausencia de opinión no enfría el relato: al contrario, desplaza el peso hacia quien lee.

Este ejercicio propone trabajar desde ese lugar.


Consigna

Escribí un texto breve que narre un episodio emocionalmente cargado: una pérdida, un castigo, una humillación, una violencia, una decisión irreversible.

Restricciones

  • La voz narrativa no puede opinar, interpretar ni explicar.
  • No se permite ningún adjetivo valorativo (bueno, cruel, injusto, terrible, etc.).
  • No hay diálogos directos: ningún parlamento entre comillas, guiones o marcas de habla.
  • Todo debe construirse a partir de acciones, movimientos, descripciones concretas y consecuencias visibles.

La voz cuenta lo que pasa. No dice qué significa. No señala cómo debería sentirse nadie.


Pista de trabajo

Si en algún momento sentís la tentación de aclarar, justificar o guiar al lector, borrá esa frase y buscá un hecho que pueda ocupar su lugar: un gesto, una repetición, un cambio mínimo en el entorno.


Cierre

La pregunta no es si el texto “se entiende”, sino qué produce esa falta de comentario.
Dejá que el sentido no esté dicho: que aparezca —o no— del lado de quien lee.

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