Yo, en otra vida, fui…

Hay una frase inicial que, apenas se escribe, abre un territorio narrativo inesperado:

“Yo, en otra vida, fui…”

La consigna es simple, pero el desplazamiento que produce no lo es tanto.

La consigna

Escribí un texto que empiece exactamente así:

Yo, en otra vida, fui…

Y completá la frase con un animal, una planta, un hongo, un objeto.
Cualquiera, el que aparezca primero.

Una sola condición:
no puede ser una persona.

A partir de ahí, dejá que el texto avance viendo qué pasa, sin explicar, sin volver racional la hibridación de las especies: en una época se fue una cosa y allí se construye mundo.

Muchas veces, lo interesante no está en qué se elige (animal, objeto, planta), sino en qué del yo se filtra ahí: una forma de mirar, de moverse, de resistir, de quedarse quieto.

Un antecedente

Esta consigna dialoga directamente con el cuento “Yo, en otra vida, fui avestruz”, de Clara Obligado, incluido en el libro Las otras vidas. Allí, la escritura trabaja justamente esa zona híbrida, donde la identidad no es fija ni estable, sino algo que se desplaza.

Si te interesa profundizar en esta idea, hay una charla de Clara Obligado donde desarrolla con claridad y humor estas formas de pensar la escritura y la identidad narrativa:

Para cerrar

Este ejercicio suele funcionar muy bien porque descoloca: corre al yo de su lugar habitual sin hacerlo desaparecer. En ese corrimiento, muchas veces aparece algo que no estaba previsto.

Como casi siempre en la escritura, no se trata de acertar, sino de ver qué pasa cuando uno se anima a empezar por ahí.

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